martes, 16 de enero de 2018

Yo quiero ser Física Electrónica - Gloria Huertas Sánchez

Y yo quiero ser...Física Electrónica
(Por Gloria Huertas Sánchez)

Escucha música mientras lees, vete al final.

“En marzo volvieron los gitanos. Esta vez llevaban un catalejo y una lupa del tamaño de un tambor, que exhibieron como el último descubrimiento de los judíos de Ámsterdam. Sentaron una gitana en un extremo de la aldea e instalaron el catalejo a la entrada de la carpa. Mediante el pago de cinco reales, la gente se asomaba al catalejo y veía a la gitana al alcance de su mano. “La ciencia ha eliminado las distancias”, pregonaba Melquíades. “Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa (1).

Y ese día llegó hace ya algunos años. No estoy en Macondo, ni en algún lugar inventado donde uno puede reconocer cierto pueblo de Colombia. Tampoco me acompaña un gitano viajero e ilustrado, Melquíades, que me muestra inventos exóticos y maravillosos traídos de lugares remotos. Estoy en un pequeño pueblo del Aljarafe sevillano llamado Umbrete. Son las 8:00 de la mañana del mes de diciembre del año 2017 y espero a que mis hijos se despierten para empezar la rutina de cada día. Para matar el rato, jugueteo con mi teléfono móvil. Entonces me conecto indiscreta con mi Android de última generación a earthcam.com (2). Veo rostros desconocidos. Uno de ellos, una chica rubia y alta, acaba de subir a un taxi amarillo justo en la esquina de las calles 47 y Broadway en Nueva York. Un chico corría tras ella agitando un sobre que llevaba en la mano pero no la ha alcanzado a tiempo. Son 5738 km de distancia desde mi casa a ese lugar del mundo en Norteamérica pero me puede secretamente la curiosidad ¿qué dirá esa carta?

Cien años de Soledad se desarrolla desde mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Desde entonces, el mundo ha cambiado mucho. De manera vertiginosa. De eso me ha servido ser física electrónica, me ha servido para entender por qué y cómo se ha producido ese cambio y, quizás, para contribuir con mi pequeño granito de arena a los siguientes cambios que seguro llegarán a nuestras vidas en los próximos años. Cuando era pequeña (en los años 80) no había internet en las casas y nadie tenía un teléfono móvil en su bolsillo con el qué poder visualizar lo que ocurría a miles de kilómetros de su casa. Eran otros tiempos, muy diferentes a los de ahora. Ahora cada día manejamos muchos dispositivos electrónicos, pequeños, portátiles, fáciles de usar, que están al alcance de nuestra mano y, con ellos, podemos “hacer la magia” de comunicar cualquier contenido a cualquier otra persona del planeta, en cualquier momento, en cualquier lugar, de cualquier manera (podemos verlo, escucharlo, imprimirlo, modificarlo, reenviarlo,…) e incluso podemos cambiar configuraciones de objetos en nuestros hogares, lo que conocemos por domótica, o también dotar de internet a las cosas. Son muchas las aplicaciones informáticas que usamos sin parar. Hablamos con familiaridad de Facebook, WhatsApp, Twitter, Instagram y un sinfín de herramientas informáticas apps, ¡vaya palabreja!, que configuran nuestros modos y hábitos sociales; pero ¿tenemos una idea de lo que hay detrás de esos programas y qué les permiten cumplir su función? Si fuéramos capaces de usar algunos de los inventos de Melquíades para mirar dentro de los aparatos electrónicos que tenemos alrededor, veríamos que todas esas apps dependen para su funcionamiento de procesos de conducción eléctrica en sólidos; resumiendo mucho, del movimiento de una partícula elemental que ahora nos resulta familiar: el electrón. Un término que usamos en nuestro lenguaje cotidiano, aunque no sepamos muy bien qué significa. Pero el electrón no es una realidad visible para nosotros; solo lo son los equipos electrónicos y, en ellos, si los abrimos, sus componentes básicos: condensadores, resistores, bobinas, y unas cucarachitas con pinchos por patas que llamamos chips. Sin embargo, si uno estudia física electrónica, ingeniería electrónica, o telecomunicaciones, tendrá el conocimiento y la base para concebir cómo están relacionados esos dos conceptos clave, electrón y chip y, comprender, con razonable lujo de detalles, el camino que nos ha conducido hasta estos instrumentos (estos milagros) tecnológicos que tanto utilizamos y de los que tanto dependemos. Incluso uno podría ir más allá y contribuir activamente en la evolución de esta ciencia o tecnología, la Electrónica, de la que parece que nadie duda que seguirá marcando nuestro mundo futuro, al menos en el corto y medio plazo. Y es que la Electrónica ha evolucionado en poco más de cien años hasta trascender su papel como ciencia y tecnología y convertirse en un “fenómeno¨ o “vector” social y en una seña de identidad de nuestro momento histórico. Esto ha sido posible gracias a proporcionarnos una extraordinaria capacidad de comunicación y unas enormes posibilidades de cómputo, todo ello puesto al alcance de nuestra mano en forma de terminales muy accesibles y manejables. ¿Quién actualmente no tiene un teléfono móvil en el bolsillo o en el bolso? Si alguien no lo tuviera lo miraríamos como un auténtico bicho raro. Como le pasa a la pobre Mafalda en esta viñeta de humor… (Original Crédito Quino)


Ya en1909, el gran Nikola Tesla aseveraba en un artículo visionario “Pronto será posible que un hombre de negocios en Nueva York dicte instrucciones y que al instante aparezcan en su oficina en Londres o en otro lugar... Un instrumento barato, no más grande que un reloj, permitirá a su portador escuchar en cualquier lugar, en mar o tierra, la música o la canción, la voz de un líder político, la dirección de un eminente hombre de ciencia, o el sermón de un clérigo elocuente, generado en otro lugar, por muy distante que sea. De la misma manera, cualquier imagen, carácter, dibujo o impresión se podrá transferir de un lugar a otro”. Ese momento ya llegó hace un tiempo, lo estamos viviendo cada día, para bien o para mal, con el desarrollo tecnológico que está al alcance de nuestras manos. Sin embargo, poco es lo que el hombre de la calle conoce sobre qué es lo que hace posible esta tecnología, la Electrónica. Me atrevo a afirmar que todos vosotros, mis queridos lectores, conoceréis a Albert Einstein y nadie dudará que era una mente brillante cuyos estudios y descubrimientos han repercutido en mejorar nuestra vida actual y nuestra sociedad. Incluso muchos sabréis que ganó el Premio Nobel de Física en el año 1921 y que le fue otorgado por sus aportaciones a la Física Teórica, en especial por su descripción y formulación del efecto fotoeléctrico. Ahora bien, si menciono a William Bradford Schockley, John Bardeen y Walter Houser Brattain, probablemente estos nombres sean completamente desconocidos para la mayoría de vosotros. No obstante, estos tres hombres propiciaron esta revolución social de la que estoy hablando y en la que estamos inmersos. Cualquier experto en la materia se atrevería a afirmar que dichos hombres inventaron uno de los dispositivos más importantes de la historia de la humanidad, y, sin duda, el más representativo del siglo XX. Ellos fueron los padres del transistor y, por tanto, los responsables indirectos de la existencia de los aparatos y equipos electrónicos que usamos diariamente y de forma tan masiva. En 1956 estos tres físicos estadounidenses fueron galardonados con el Premio Nobel de Física por su investigación en semiconductores y el descubrimiento del efecto transistor. Pero ni alcanzaron una fama generalizada ni se hicieron ricos. Curiosamente, Bardeen, además, fue la primera y única persona en ser galardonada dos veces con el Premio Nobel de Física. Desgraciadamente, no goza de popularidad y nadie apenas lo conoce como a Einstein, por ejemplo. Él fue un físico teórico, un físico matemático, muy brillante pero muy modesto. Una vez leí que el periódico Chicago Tribune detalló adecuadamente el papel de Bardeen en la historia: “Para los científicos Bardeen es un Einstein. Para el público en general es un… ¿John qué?

Por todos estos motivos, por la curiosidad de conocer cómo funciona internamente cualquier dispositivo electrónico, por saber cómo ha sido la evolución tecnológica asociada a dicho dispositivo y quienes han sido los protagonistas de la historia científica que nos ha llevado a tener todo ese desarrollo electrónico al que tenemos acceso actualmente, por todo ello: YO QUIERO SER FÍSICA ELECTRÓNICA.

Y voy más allá, si analizamos la evolución de la Electrónica desde el invento del transistor, año 1947, hasta nuestros días y todo lo que ha significado para conformar nuestra realidad cotidiana, se puede describir así: «Si la automoción hubiera experimentado un desarrollo parecido al de la industria del transistor, se podría disponer de un Rolls-Royce por menos de 3000 pesetas (50 €) y, además, el vehículo dispondría de la potencia de un trasatlántico como el Queen Elizabeth para ser capaz de recorrer un millón de kilómetros (unas 25 vueltas al mundo) con sólo un litro de gasolina» (3).

Pero toda evolución tiene un límite y, actualmente, muchos se preguntan si hay “vida” después del transistor; si la Electrónica podrá seguir atendiendo a las necesidades y expectativas generadas. Muchos son los retos a los que nos enfrentamos los científicos dedicados a esta tecnología si queremos mantener este ritmo de crecimiento y progreso. YO QUIERO SER FÍSICA ELECTRÓNICA para inventar otro dispositivo distinto, un nuevo paradigma, una nueva solución, que resuelva los problemas que hoy en día presenta la Electrónica y todo su desarrollo tecnológico…


Notas:
(1) Cien años de Soledad, Gabriel García Márquez, 1967.
(2) Earthcam.com es un portal en Internet que transmite imágenes en vivo de distintos lugares del planeta.
(3) Fragmento sacado de la referencia “BARCELÓ, M. (1995). Prólogo de «El Mundo Digital» de Nicholas Negroponte, 7-14. Ediciones B, Barcelona”
Gloria Huertas Sánchez
Doctora en Física, Profesora Titular, Departamento de Electrónica y Electromagnetismo, Universidad de Sevilla.

Escucha música mientras lees.


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