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miércoles, 17 de enero de 2018

Yo quiero ser Ingeniero Aeroespacial - José Ignacio González Núñez

Y yo quiero ser...Ingeniero Aeroespacial
(Por José Ignacio González Núñez)

Escucha música mientras lees, vete al final.

Muchas veces a lo largo de mi carrera, cuando alguien me ha preguntado a qué me dedico o en qué tipo de empresa o institución trabajo y he contestado “en la Agencia Europea del Espacio” o “en un operador de telecomunicaciones vía satélite”, casi inmediatamente después me he encontrado explicando cómo es posible que los satélites no se caigan al suelo o para qué sirven los satélites o cuantos satélites hay orbitando la Tierra. Y claro, aquí uno puede pasarse horas, incluso días, argumentando y aportando datos sobre usos y aplicaciones de esos ingenios. Justamente son esos usos y aplicaciones los que marcan una característica fundamental de los satélites: su órbita.

Las órbitas de los satélites, los planetas y las estrellas se rigen por las leyes de la mecánica espacial. Las leyes de Kepler [1], enunciadas a principios del siglo XVII, describieron por primera vez de forma matemática el movimiento de los planetas de nuestro Sistema Solar alrededor del Sol. Unas décadas después, en 1687 Isaac Newton publicó su “Philosophiae Naturalis Principia Mathematica” [2]; quizás el libro de ciencia más importante de la historia, en el que se formula la ley de la gravitación universal. En ella se establece la relación entre la fuerza de atracción entre dos objetos masivos, sus masas (directamente proporcional) y la distancia que les separa (inversamente proporcional al cuadrado de ésta).

Cuando lanzamos una piedra desde lo alto de un acantilado vemos que, por mucha fuerza que apliquemos a nuestro tiro, la piedra acaba cayendo al fondo de barranco. Aun siendo un gran campeón de atletismo difícilmente podríamos impulsar la piedra a más de 35 metros por segundo. Ahora bien, si no hubiera aire en la atmosfera que ralentizase la piedra y fuésemos, algo parecido al primo de Superman, capaces de impulsar la piedra a 8 kilómetros por segundo, al cabo de poco más de 80 minutos deberíamos agachar la cabeza para evitar que la piedra nos diese en la nuca. ¡Esa piedra hipersónica se habría convertido en un satélite artificial de la Tierra! En una órbita circular, la magnitud de velocidad es inversamente proporcional a la raíz cuadrada del radio de la órbita, mientras que el cuadrado del periodo orbital es proporcional al cubo del radio de la órbita. Además del periodo y el radio, otras dos características fundamentales (hay más) de una órbita son su inclinación respecto al plano ecuatorial y su forma o excentricidad (circulares, elípticas, etc.).

En el sector aeroespacial, como en otros muchos, el desarrollo tecnológico y la imparable imaginación e inventiva del hombre ha permitido dar solución a antiguas y nuevas necesidades y crear nuevas aplicaciones. De esta manera, es imposible hablar de un único tipo de satélites. La especialización de los mismos ha ido de la mano del uso de diferentes recursos orbitales.

Típicamente los satélites para mapeado y observación de la tierra, satélites de reconocimiento (también llamados satélites espía) y algunos satélites meteorológicos giran alrededor de nuestro planeta en las llamadas órbitas bajas o LEO (“LowEarthOrbit”), cuya altura sobre la superficie terrestre está entre unos 200 km y 2.000 km. Las órbitas de estos satélites tienen una gran inclinación (típicamente cerca de 90 grados) para poder barrer en su periplo toda la superficie terrestre. En ese rango de alturas encontramos también a la Estación Espacial Internacional (“InternationalSpaceStation” o “ISS”) a unos 400 km de altura y una inclinación de 51.6 grados para facilitar la trayectoria de los lanzamientos desde el cosmódromo de Baikonur en Kazakstán. Con el objeto de proporcionar servicios de telecomunicaciones en cualquier punto de la superficie terrestre, los 72 satélites de la constelación Iridium ocupan seis planos orbitales inclinados 86.4 grados a una altura de 781 km.

Los principales sistemas satelitales de geo localización y navegación están formados por constelaciones de satélites en órbitas de altura media o MEO (“MediumEarthOrbit”). Los 32 satélites del sistema estadounidense GPS (“GlobalPositioningSystem”) ocupan seis planos orbitales con 55 grados de inclinación a una altura de 20.200 km. Los satélites del sistema ruso GLONASS están un poco más abajo, a 19.100 km con una inclinación de 64.8 grados, mientras que los del europeo Galileo están un poco más arriba, a 23.222 km con una inclinación de 56 grados.

Quizás los satélites más populares, si es que podemos llamarlos así, son los geoestacionarios. La órbita geoestacionaria o GEO (“Geo-stationaryOrbit”) fue propuesta por primera vez por el ingeniero esloveno Herman Potočnik en 1928 y más tarde popularizada por el famoso científico y escritor Arthur C. Clarke. El origen de la idea es poder tener un punto muy alto en el espacio que, aparentando estar en reposo desde la superficie terrestre, pueda ver puntos muy distantes entre sí. Esto permitiría la transmisión de señales entre sitios sin línea de vista a través de ese punto estático como si fuera una torre de comunicaciones colgada en el espacio. Resulta que resolviendo las ecuaciones de Newton, una órbita circular con una altura de 35.786 km sobre nivel del mar tiene un periodo de 24 horas, es decir, es geo síncrona. Si además, la órbita está en el plano ecuatorial (inclinación cero) los cuerpos que desde allí circunvalan la Tierra aparecen estáticos respecto a un observador en la superficie terrestre. El anillo geo estacionario ha sido y es utilizado por centenares de satélites de telecomunicaciones que ofrecen servicios en todo el mundo de difusión de cadenas de televisión y radio, de comunicaciones móviles con barcos y aeronaves y todo tipo de servicios de telecomunicaciones en zonas remotas del planeta.

Para solventar el problema del bajo ángulo de elevación en la recepción de los satélites geo estacionarios en territorios alejados del ecuador, en Rusia usan satélites en órbitas elípticas o HEO (“HighlyEllipticalOrbit”) llamadas Molniya que poseen perigeos (los puntos más cercanos a la superficie terrestre) de unos 1.000 km y apogeos (los puntos más alejados) de hasta 24.000 km y una inclinación de 63.4 grados. En Estados Unidos, la empresa Sirius XM Satellite Radio emplea satélites en órbitas elípticas geo síncronas o HEGO (“HighlyEllipticalGeosynchronousOrbit”) llamadas Tundra para proporcionar servicios de radiodifusión a más de 30 millones de usuarios móviles.

El abanico de órbitas no se acaba aquí. En estas líneas me he referido únicamente a las órbitas alrededor de la Tierra. Las próximas generaciones de ingenieros aeroespaciales sin duda se preocuparán más por las órbitas abiertas interplanetarias. Bastará únicamente con superar la velocidad de 11.2 km/s para escapar de la atracción gravitatoria terrestre.

En los años 60 las misiones Apolo llevaron al hombre a la Luna, en los 70 los Voyagers iniciaron el más largo viaje jamás hecho por un ingenio fabricado por el hombre, Marte ha sido visitado durante décadas por los Vikings, el Pathfinder y muchos otros, Rosetta se posó en el cometa 67P/Churyumov–Gerasimenko en 2014…

Ante necesidades más sofisticadas, siempre aparecerá un ingeniero aeroespacial que inventará, si se me permite la expresión, una órbita nueva.


Referencias:
[1] Johannes Kepler, “Harmonices Mundi”
[2] Isaac Newton, “Philosophiae Naturalis Principia Mathematica”
José Ignacio González Núñez
Ingeniero Superior de Telecomunicaciones (Universidad Politécnica de Madrid)
Máster en Tecnología Aeroespacial y Telecomunicaciones vía Satélite (UniversityCollege London)
Vicepresidente de Desarrollo de Negocios y Estrategia Regulatoria en Eutelsat Américas

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Yo quiero ser Ingeniera de Telecomunicación - Mª Asunción Pérez Pascual

Y yo quiero ser...Ingeniera de Telecomunicación
(Por Mª Asunción Pérez Pascual)


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Yo quiero ser Ingeniera de Telecomunicación, eso le dije a mi madre cuando tenía 14 años y me preguntó acerca de qué quería estudiar. Desde ese momento el objetivo estaba claro y la línea a seguir debía ser recta. Tenía que conseguir la meta marcada en un plazo de 4 años, al cumplir los 18 debía estar matriculada en una de las carreras más demandadas en aquel momento.

No podía imaginar por aquel entonces cuánto trabajo y cuánto sacrificio iba a tener que afrontar. Para mí era un gran reto, dado que debía superar numerosos obstáculos. Pese a que siempre he tenido mucha facilidad para superar con éxito las asignaturas relacionadas con las matemáticas o la física, me costaba horrores empaparme de otras como historia o filosofía. Sin embargo, tenía que obtener notas brillantes en todas ellas, porque mi objetivo requería un expediente con una nota muy elevada. Así pues, ideé un plan para afrontar aquellas asignaturas que me resultaban más tediosas. El plan consistía en imaginar que era una especialista en historia, en filosofía, o en literatura, que tenía que enfrentarse a una prueba que cambiaría el rumbo de la historia. Cualquier aventura que imaginase me servía para motivarme a estudiar y sacar el máximo provecho de las horas dedicadas a ello. Esto me enseñó a motivarme y a concentrarme, dos cualidades que no he abandonado y que me permiten superarme día a día.

Pero volvamos al principio, ¿por qué quería estudiar telecomunicaciones? En aquella época empezaban a comercializarse los primeros ordenadores, y se hicieron populares algunos lenguajes de programación que os sonarán a chino. A mi padre le encanta la tecnología, por lo que tuve la suerte de que se comprara un ordenador con el cual comencé a realizar mis primeros pinitos en programación.  ¡Aquello me entusiasmó!, ser capaz de, con cuatro líneas de código, realizar un pequeño juego para entretener a mi hermana... para mí era algo realmente maravilloso. A partir de ahí seguí realizando pequeños avances, pero tuve que auto-limitarme para no ocupar demasiado tiempo programando, nada debía desviarme de mi meta.

Poco tiempo después tuve un profesor de tecnología que me introdujo en el mundo de la electrónica. El poner cuatro componentes en una placa y poder hacer que se encendiera un led, que sonase una melodía o que se activase un motor era un mundo nuevo e inesperado. Poco a poco empecé a entrever el enorme futuro que podrían tener mis dos pasiones unidas, si llegara a dominar la programación y la electrónica podría ser capaz de desarrollar gran cantidad de inventos. Y lo mejor de todo es lo bien que lo iba a pasar mientras trabajase en estos futuros proyectos. Así fue como comenzó mi vocación en ingeniería, y más concretamente en Telecomunicaciones. Por aquel entonces no podía ni imaginar el gran desarrollo que se iba a producir en este campo. Los teléfonos móviles, las televisiones inteligentes, la robótica y el internet eran cosas de ciencia ficción.

Con mucho esfuerzo y tesón fui capaz de conseguir la primera parte de la meta marcada, pero el primer día en la Universidad me di cuenta de que el camino no había hecho nada más que empezar. En primer lugar éramos 200 estudiantes con unos expedientes brillantes (la mayoría mucho más brillantes que el mío) en una titulación tremendamente exigente, en la que se impartían una serie de asignaturas con un contenido teórico brutal, sobre el que había que poner mucha imaginación para encontrarle la aplicación práctica. Ese aspecto me desesperaba. Tener que pasar horas haciendo integrales triples sin encontrarle la aplicación práctica era frustrante. Lo anterior unido al desproporcionado nivel que los profesores exigían en los exámenes, hizo que muchos de mis compañeros fueran abandonando el primer curso de carrera, desviándose hacia títulos que podrían considerarse más “fáciles” o más aplicados.

Pero yo seguí insistiendo, en el fondo algo me decía que, al final del camino se hallaba la meta, aquella que me proporcionaría la capacidad para poder realizar todos los inventos soñados. Así pues, poco a poco, conseguí ir aprobando los primeros cursos, y llegar a los cursos más altos, en los cuales nos dividíamos en especialidades. Yo elegí la especialidad de electrónica, en la cual las clases eran menos numerosas y eso permitía que los profesores del departamento de ingeniería electrónica nos propusieran otros modos de trabajar. Pequeños proyectos que para mí eran verdaderos tesoros, ya que me permitían poder al fin desarrollar mis pequeños inventos.

De todos los años de universidad, lo mejor de todo fueron los grupos de trabajo que montábamos los alumnos para realizar los proyectos. El trabajar en equipo, aprender a organizar nuestro tiempo y ayudarnos los unos a los otros a conseguir el objetivo fue una experiencia que más tarde he podido repetir en mi trabajo profesional y que nunca deja de sorprenderme. Cuando tienes un buen equipo de trabajo eres capaz de alzar el vuelo y llegar mucho más lejos de lo que habías soñado, y encima disfrutas de lo lindo.

Al terminar la universidad tuve la suerte de poder entrar en un grupo de investigación gracias al cual aprendí la importancia de la investigación básica y de la colaboración con otras instituciones. En mi caso estuve un año trabajando en colaboración con los cirujanos de un hospital para realizar algoritmos de detección de arritmias cardíacas, vamos lo que todos conocemos por infartos de corazón. Esto me permitió unir mis conocimientos a las ciencias de la salud, porque sí, lo bueno que tiene ser ingeniera de telecomunicación es que no hay campo del conocimiento que no necesite de nuestra colaboración. En esta época descubrí que, todo el esfuerzo puesto en aprender aquellas asignaturas teóricas que tan pesadas me parecían, había moldeado mi cerebro, de manera que era capaz de enfrentarme sola a cualquier problema. Sabía buscar información, procesarla, entenderla y aplicarla para encontrar la solución al problema en un espacio de tiempo realmente breve. Además los contactos hechos en la universidad me proveían de una red de profesionales a los que acudir en caso de duda. Mi vida estaba encauzada y mi objetivo cumplido, o eso creía yo.

Sin embargo la vida da muchas vueltas y nunca sabes en qué momento puedes encontrar una oportunidad que le puede dar la vuelta a todo lo que conoces. De la noche a la mañana me enteré de que se había publicado una oferta de trabajo en la universidad, para ocupar una plaza de profesor en el departamento de ingeniería electrónica, sí, aquel departamento del que tan buen recuerdo tenía porque me había permitido realizar mis primeros proyectos durante la carrera. Tenía que conseguirlo, tenía que optar a la plaza y ganarla.

Y lo hice, conseguí un contrato con el departamento y comenzó otra carrera, esta si cabe aún más larga que la anterior. Ahora había que cursar estudios de Doctorado y hacer la Tesis, todo ello a la vez que impartía clases de electrónica.

De nuevo muchas horas de estudio, de cursar asignaturas teóricas, de publicar los resultados de mi investigación sin tener muy claro si iban a ser alguna vez útiles. En paralelo desarrollaba proyectos en las asignaturas que impartía, intentando que mis alumnos no se sintieran tan desconectados y perdidos como yo el primer año. Y poco a poco, año a año, conseguí el doctorado, la tesis, la plaza de titular, un niño, otro niño, sí porque que sea ingeniera de telecomunicación no significa que no pueda ser MADRE.

Y claro, parón en mi carrera, no os voy a engañar, la llegada de un nuevo miembro a la familia trastoca todos tus planes, tus metas y tus expectativas. Pero vale la pena más que nada en el mundo. En cuanto te das cuenta te encuentras preguntándoles: ¿y tú qué quieres estudiar?, y ellos te dicen “Yo quiero ser…” y el ciclo comienza de nuevo.

Todos estos recuerdos me llevan a querer exponeros lo que ha cambiado la universidad en los veinte años que llevo dando clase. Actualmente, aunque siguen impartiéndose asignaturas puramente teóricas, que como ya hemos visto sí que sirven para algo, la mayoría de las titulaciones incluyen numerosas prácticas, proyectos y otras metodologías que os permitirán ver la aplicación de vuestros estudios mucho antes de lo que pude hacerlo yo. Además, muchos de los profesores con los que os encontraréis son conscientes de la importancia de aplicar su conocimiento a la sociedad, por lo que cada vez son más las colaboraciones que se producen y que os abren un sinfín de campos de aplicación.

Por otro lado, si no tenéis claro qué queréis estudiar pero os gusta la tecnología, las matemáticas y la física, estoy convencida de que la ingeniería de telecomunicación no os defraudará. Los conocimientos que podéis adquirir en esta carrera se pueden llegar a aplicar a todos los campos de la ciencia, os reto a que lo intentéis, seguro que sois capaces.

Mª Asunción Pérez Pascual
Doctora Ingeniera de Telecomunicación
Profesora Titular de Universidad, Universidad Politécnica de Valencia

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Yo quiero ser Ingeniero Mecánico - Julio Blanco Fernández

Y yo quiero ser...Ingeniero Mecánico
(Por Julio Blanco Fernández)


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Yo quiero ser Ingeniero Mecánico, y es lo que soy, aunque no os creáis que me parece sencillo explicar lo que hace un Ingeniero Mecánico en general, pues la Ingeniería Mecánica es tan amplia que puede haber varios Ingenieros Mecánicos que hagan trabajos que nada tenga que ver uno con el otro, pero ambos totalmente integrados en esta disciplina.

Y además me alegra ver que el conocimiento popular (Wikipedia) me da la razón en lo amplia que es esta disciplina y la inmensidad de campos que abarca. Nos cuenta esa fuente que (Ingeniería Mecánica):

La ingeniería mecánica es una rama de la ingeniería que aplica, específicamente, los principios de la termodinámica, mecánica, mecánica clásica, mecánica cuántica, mecánica de fluidos, análisis estructural, estática, dinámica, ecuación diferencial, trigonometría, ciencia de materiales para el diseño y análisis de diversos elementos usados en la actualidad, tales como maquinaria con diversos fines (térmicos, hidráulicos, transporte, manufactura), así como también de sistemas de ventilación, refrigeración, vehículos motorizados terrestres, aéreos y marítimos, entre otras aplicaciones.

Los principales ámbitos generales desarrollados por ingenieros mecánicos incluyen el desarrollo de proyectos en los campos de la ingeniería que tengan por objeto la construcción, reforma, reparación, conservación, demolición, fabricación, instalación, montaje o explotación de: estructuras, equipos mecánicos, instalaciones energéticas, instalaciones y plantas industriales.

He puesto en negrita las ciencias en las que se basa la Ingeniería Mecánica y los campos en los que se aplica, que resume finalmente en el segundo párrafo en una descripción que me parece buenísima sobre lo que es Ingeniería Mecánica, y que me he permitido ampliar y reordenar como “diseño, construcción, reforma, reparación, conservación, demolición, fabricación, instalación, montaje, análisis, optimización o explotación de instalaciones y plantas industriales, estructuras, equipos mecánicos, e instalaciones energéticas, entre otros”.

Lo que para mí tiene que quedar muy claro es que la Ingeniería Mecánica se encuadra dentro de la Ingeniería Industrial, junto a las otras dos Ingenierías básicas en esa disciplina, la Ingeniería Eléctrica y la Ingeniería Electrónica y Automática (además de otras oficialmente reconocidas, como la Ingeniería Química o la Ingeniería Textil, aunque para mí ésta última por ejemplo la considero una especificación dentro de la Ingeniería Mecánica). Además hay que tener en cuenta que en España llamamos Ingeniería Industrial a algo totalmente diferente a lo que se entiende por Ingeniería Industrial en otras zonas, como en la mayoría de países de Hispanoamérica, donde está más bien relacionada con la disciplina de administración de empresas o administración de industrias. Pero en este capítulo nos referimos a la Ingeniería Industrial de la que se habla aquí.

Y esa integración de la Ingeniería Mecánica como parte de la Ingeniería Industrial la quiero mostrar con unos ejemplos, para que aquellos de vosotros que optéis por la Ingeniería Mecánica como profesión veáis que casi con total seguridad tendréis que trabajar con Ingenieros Eléctricos, Electrónicos y de Sistemas y Automática, Químicos, o de otras disciplinas que podrían integrarse en las anteriores, como por ejemplo Ingenieros de Materiales, que yo lo considero parte de la Ingeniería Mecánica, aunque por supuesto eso es discutible.

Y como son tantos los ejemplos que se me ocurren de integración de la Ingeniería Mecánica en la Ingeniería Industrial, voy a comentar simplemente los que la web anterior, para no tener más que una referencia en todo este capítulo.

Centrales Hidroeléctricas

Como primer ejemplo vamos a pensar en mi fuente de energía preferida, la energía hidráulica. En una central hidroeléctrica conviven máquinas hidráulicas, turbinas, tuberías, etc. que son sin duda trabajo de ingenieros mecánicos, junto a generadores eléctricos (Ingeniería Eléctrica), sistemas de regulación automática (Ingeniería de Sistemas y Automática), sistemas electrónicos de potencia (Ingeniería Electrónica), etc. Y el trabajo de los Ingenieros Mecánicos incluye tanto el empleo de la dinámica de fluidos para el diseño y optimización de la turbina y de las tuberías, análisis mediante elementos finitos del comportamiento de las piezas que componen la maquinaria, etc.

Fig. 1. Central hidroeléctrica.
Crédito: De Diego Delso, CC BY-SA 3.0, 

Motor a reacción

Relacionado con lo anterior están los motores a reacción, que tienen cierta similitud con las turbinas hidráulicas. En este ejemplo tal vez la Ingeniería Eléctrica no tenga tanto peso, pero en cambio la Ingeniería Química tiene un papel fundamental en combinación con la Ingeniería Mecánica. Yo en realidad más que de la turbina me centro en el propio motor a reacción. Pero al igual que los motores a reacción, cualquier motor de explosión es puramente Ingeniería Mecánica junto a Ingeniería Química, y similarmente a un avión, un coche (ya sea un turismo o un coche de competición) integra junto a ellas Ingeniería de Sistemas y Automática, Ingeniería Electrónica, Ingeniería Eléctrica, etc. Existen varios ejemplos de aeronaves o de coches totalmente despiezados en aplicaciones informáticas de diseño mecánico, que podéis encontrar en internet, realmente espectaculares, con cientos de miles de piezas y hasta por encima de un millón.

Fig. 2. Motor a reacción.
De Harpagornis - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, 

Trasbordador espacial

Aunque hemos comentado los aviones como representantes del sector aeroespacial, y tal vez un buque sería más equitativo en cuanto a la grandísima importancia del sector naval en la Ingeniería Mecánica, considero que el ejemplo del trasbordador espacial merece la pena comentarlo como uno de los mayores hitos de la Ingeniería en general, en los que la Ingeniería Mecánica es una de las fundamentales por la diversidad de materiales críticos empleados, las prestaciones mecánicas requeridas a todas las piezas para soportar las presiones y fuerzas tan tremendas sin comprometer el peso, el análisis aerodinámico del comportamiento de todos los sistemas, etc. Por no contar la gran estructura necesaria para el despegue, como puede verse en la fotografía.
Un aspecto fundamental a considerar en la Ingeniería Mecánica es la grandísima evolución que ha tenido en los últimos años con el desarrollo computacional, pasando de cálculos con fórmulas y tablas simplemente hace unos años (cuando yo estudiaba e incluso cuando comencé a trabajar) a potentísimas aplicaciones informáticas en la actualidad, que son ya herramientas fundamentales para el Ingeniero Mecánico.

Pueden destacarse las aplicaciones CAM (ComputerAidedManufacturing) y CAD (ComputerAidedDesign), con las que en diseño, análisis y optimización de sistemas complejos es hoy en día una labor además de muy eficiente, apasionante. Cuando trabajo con ellas, realmente no trabajo, sino que disfruto, como sé que os pasará a muchos de vosotros. En vez de nombrar las que yo suelo emplear, prefiero incluir la lista completa indicada en la web de Wikipedia para evitar discriminar a ninguna, que no es mi intención, aunque para quien quiera conocer mis preferencias respecto a ellas o las ventajas e inconvenientes que veo a cada una sólo tiene que contactar conmigo, que encantado le comentaré.

ALGOR                                    Solid Edge                               Unigraphics NX
ABAQUS                                 Autocad                                   Autodesk Inventor
ANSYS                                     CATIA                                      FLUENT
LabVIEW                                 LS-DYNA                                Maple
MSC.Adams                            MSC.Nastran                           Matlab
ProE                                          RADIOSS                                 SolidWorks
Workingmodel                        WorkXPlore 3D
  
Julio Blanco Fernández
Doctor Ingeniero Industrial
Universidad de la Rioja

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Yo quiero ser Ingeniero Eléctrico - Eduardo Martínez Cámara

Y yo quiero ser...Ingeniero Eléctrico
(Por Eduardo Martínez Cámara)

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Yo quiero ser Ingeniero Eléctrico, aunque tengo que reconocer que los ingenieros en ramas industriales solemos ser más ingenieros que especialistas, en este caso en ingeniería eléctrica. Y como prueba, mis estudios comenzaron con Ingeniería Técnica Industrial en Ingeniería Electrónica y Automática, que se supone que era mi especialidad cuando concluí Ingeniería Industrial, aunque mi Tesis doctoral la orienté a lo que acababa de ser mi comienzo profesional, la energía eléctrica producida por molinos eólicos. Y así me convertí, profesionalmente, en Ingeniero Eléctrico y especialista en energías renovables, sobre todo energía eólica.

Y como es una profesión apasionante, y con un futuro muy prometedor, quiero contribuir a este trabajo con un capítulo en el que transmitiros lo más interesante que tiene y lo que os puede esperar si elegís este camino.

Comencemos con una definición de los que es ingeniería eléctrica, para lo que voy a permitirme copiar los 2 primeros párrafos de la Wikipedia, Ingeniería Eléctrica, que lo resumen muy bien, y posteriormente los matizaré en base a mi experiencia personal y profesional:

La ingeniería eléctrica es el campo de la ingeniería que se ocupa del estudio y la aplicación de la electricidad, la electrónica y el electromagnetismo. Aplica conocimientos de ciencias como la física y las matemáticas para diseñar sistemas y equipos que permiten generar, transportar, distribuir y utilizar la energía eléctrica.

Dicha área de la ingeniería es reconocida como carrera profesional en todo el mundo y constituye una de las áreas fundamentales de la ingeniería desde el siglo XIX con la comercialización del telégrafo eléctrico y la generación industrial de energía eléctrica. Dada su evolución en el tiempo, este campo ahora abarca una serie de disciplinas que incluyen la electrotecnia, la electrónica, los sistemas de control, el procesamiento de señales y las telecomunicaciones.

Como sabéis la energía ha ido siempre ligada al desarrollo del ser humano. El control del fuego puede considerarse uno de los elementos distintivos de la humanidad, si no el que más, y básicamente consiste en controlar energía que puede liberarse rápidamente para conseguir altas temperaturas, que permitió no sólo alimentarse mejor, o defenderse de depredadores más grandes, o combatir las inclemencias del tiempo, sino comenzar el desarrollo de la tecnología, en la edad de los metales, pudiendo fundir el metal, y obtenerlo en mucha mayor cantidad que simplemente maleando las escasas piezas de metal natural.

Posteriormente (muy posteriormente), el control de la energía para conseguir que gire un mecanismo (con la máquina de vapor) constituyó la primera revolución industrial, al poderse emplear energía de la naturaleza (carbón o madera) en la fabricación mediante máquinas conectadas a esa máquina de vapor. Ello supuso una revolución industrial, pero sobre todo social, que originó el comienzo del crecimiento de la población y de la sociedad urbana predominante actual.

La siguiente revolución industrial también tiene mucho que ver con esta profesión, pues se basó en la electricidad. Ahora ya no sólo se podía emplear la energía natural en la fabricación, sino que además podía trasladarse esa energía a grandes distancias de manera inmediata y muy barata, simplemente con cables metálicos. Ya no era necesario trasladar grandes cantidades de carbón o poner las fábricas cerca de las fuentes de energía, sino que bastaba con conectar las fábricas y las ciudades con los centros de obtención de energía, mediante líneas eléctricas. A todos los que os guste este campo os recomiendo leer la biografía de Nikola Tesla, e irremediablemente os convertiréis en apasionados de su trabajo y de la energía eléctrica. También es interesantísima su relación antagónica con Edison, tanto en cuestiones técnicas (corriente continua frente a corriente alterna) como en su concepción de la vida (idealismo frente a pragmatismo).

Posteriormente ha habido una tercera revolución industrial, basada en la informática y la robótica, que aunque no sea tan evidentemente también ha tenido mucho que ver en esta profesión, pues gracias a los desarrollos electrónicos es posible que los molinos eólicos sean más eficientes, puedan conectarse a la red casi sin limitaciones (hace pocos años no era posible porque producían inestabilidades), e incluso se ha llegado a que en muchos ámbitos es más conveniente el transporte de energía eléctrica en corriente continua que en corriente alterna, lo cual era absolutamente imposible en tiempos de la segunda revolución industrial.

Actualmente estamos en puertas de la cuarta revolución industrial, la de los sistemas ciberfísicos, que casi sin darnos cuenta está llegando a nuestra sociedad, y sin duda también será clave en esta profesión. Muchos de los que os dediquéis a la generación y transporte de energía eléctrica lo haréis trabajando en dispositivos para teléfonos inteligentes que permitan optimizar el consumo y la distribución, pero especialmente parece ser que la cuarta revolución industrial está llegando al sector con el desarrollo de las mini y micro redes aisladas, para edificios, o para poblaciones, tendiendo hacia la generación renovable y el autoconsumo, junto a una utilización inteligente de la energía para minimizar el impacto ambiental.

Tanto en las futuras redes de autoconsumo, como en las grandes redes eléctricas existentes en la actualidad, se integran además de los consumidores (fábricas y hogares), los diferentes productores de energía eléctrica: centrales térmicas y de ciclo combinado, centrales nucleares, centrales hidráulicas, parques eólicos y solares, etc. Y los ingenieros eléctricos nos encargamos de la generación de esa electricidad y su distribución, aunque como veis hay una rama profesional muy cercana, que es la de los ingenieros energéticos, que tratan además de esas fuentes de energía que producen electricidad, las fuentes que producen calor (como la termosolar, la energía de la biomasa, geotérmica, etc.).

En resumen, podríamos considerar que las labores que os corresponderán como ingenieros eléctricos a los que elijáis este camino, incluyen entre otras:
-Producción de energía eléctrica: diseñar, instalar, mantener y optimizar sistemas de producción de energía eléctrica a partir de las diferentes fuentes de energía: hidráulica, fósiles (carbón, petróleo, y gas natural), nuclear, solar (fotoeléctrica o fototérmica), eólica, etc.…
-Transporte de energía eléctrica: diseñar, instalar, mantener y optimizar los sistemas de transformación, transmisión y distribución de energía eléctrica.
-Análisis de sistemas eléctricos: modelar, analizar, evaluar, y optimizar los sistemas y equipos que intervienen en las fases de producción, consumo, y transporte de la energía eléctrica.
-Investigar la mejora de sistemas de almacenamiento de energía eléctrica.
-Control, protección, medición y optimización de sistemas eléctricos en sus diferentes fases de producción, transporte y consumo.
-Análisis de la demanda y adaptación a los sistemas técnicos y a las mejores opciones de comercialización de energía eléctrica.
-Mejora de la eficiencia energética en los sectores residencial e industrial
-Optimización de la integración en red de sistemas distribuidos de producción y de los consumos
-Adaptación de los sistemas eléctricos a las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones y a los sistemas ciberfísicos basados en las tecnologías de la Industria 4.0.

Os adjunto finalmente 4 imágenes, de Wikipedia, de instalaciones en las que es frecuente encontrar ingenieros eléctricos. Hubiese puesto más, como centrales hidráulicas o de ciclo combinado, pero me han pedido no extenderme demasiado, así que ahí lo dejo, pero quedo a disposición de quien quiera consultarme cualquier cuestión adicional.

Fig. 1. Parque eólico.
By Sitomon (Own work) [Public domain], via Wikimedia Commons https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Parque_e%C3%B3lico_picu_el_gallo_Tineo.JPG


Fig. 2. Centro de transformación.
By Rjcastillo (Own work) [CC BY-SA 3.0], via Wikimedia Commons


Fig. 3. Líneas eléctricas de distribución.
By Vincent van Zeijst (Own work) [CC BY-SA 3.0], via Wikimedia Commons


Fig. 4. “Huerto” solar de paneles fotovoltaicos.
By USAF [Public domain], via Wikimedia Commons


Eduardo Martínez Cámara
Doctor Ingeniero Industrial
Grupo Energías Renovables, Universidad de la Rioja

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Yo quiero ser Ingeniero en Fluidomecánica - Mario Sánchez Sanz

Y yo quiero ser...Ingeniero en Fluidomecánica
(Por Mario Sánchez Sanz)

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Un ingeniero en Fluidomecánica se encarga de estudiar y aprovechar, en beneficio propio, el movimiento de los fluidos, las fuerzas inducidas por ese desplazamiento y el intercambio de energía asociado a él. La rama de la física que fundamenta esa rama de la ingeniería es la Mecánica de Fluidos y engloba tanto a líquidos como a  gases. Creo que no existe ese título para definir a ningún ingeniero, pero la especialidad y la asignatura sí que se imparte,  bajo diferentes nombres, en distintos títulos de grado de todas las escuelas de Ingeniería de España. Un ejemplo cercano es la asignatura de “Ingeniería Fluidomecánica” de la Universidad Carlos III de Madrid, donde imparto clase, y que se imparte en varios títulos de grado. 

El agua y el aire han sido los fluidos más usados por el hombre. Existen evidencias históricas que sugieren la utilización de molinos de agua en la India en el siglo IV a. de C. Su importancia práctica y filosófica en el antiguo Egipto, Grecia y Roma es indudable. En el Renacimiento, Leonardo da Vinci, Torricelli, Pascal y Newton hicieron aportaciones importantes en el estudio de los fluidos. Sin embargo, durante siglos, todo avance tecnológico relacionado con el uso de los fluidos para la realización de un trabajo útil  estuvo basado en el método de ensayo y error y era, por lo tanto, lento e impreciso. Para la cimentación de los fundamentos matemáticos de esa ciencia tendríamos que esperar al el matemático suizo Leonard Euler, al ingeniero francés Claude-Louis Navier y al físico y matemático irlandés George Gabriel Stokes.

En su trabajo original, que hacía uso de las aportaciones de otros científicos, Euler escribió las ecuaciones sin tener en cuenta el efecto de la viscosidad del fluido. Navier y Stokes si incluyeron los esfuerzos viscosos en las ecuaciones de Euler para, finalmente, escribir las que a la postre se denominaron ecuaciones de Navier-Stokes (NS de aquí en adelante): un conjunto de tres ecuaciones diferenciales en derivadas parciales que, junto a la ecuación de continuidad, permite obtener las tres componentes de la velocidad y la presión del fluido. Las ecuaciones de NS son esencialmente una nueva forma de escribir la tercera ley de Newton en las que la variación de la cantidad de movimiento es igual a la suma de las fuerzas que actúan sobre el fluido. A diferencia de los cuerpos sólidos, los fluidos se deforman bajo el efecto de las fuerzas, modificando su forma y, a veces, algunas de sus propiedades. Estas particularidades, que se derivan de la organización molecular de los fluidos, complica sustancialmente la descripción de su movimiento.

Esos tres científicos arriba mencionados redujeron el movimiento de un fluido a un problema de análisis matemático, ¡pero qué problema! Resolver las ecuaciones de NS es tan complicado que constituye uno de los siete problemas del milenio propuestos por el Clay Mathematics Institute y por los que pagará un sustancioso premio de un millón de dólares a quien logre obtener la solución general de las ecuaciones. Durante gran parte del siglo XX se avanzó poco en ese objetivo. La dificultad radica en el comportamiento aparentemente impredecible y caótico que muestra el movimiento de los fluidos debido, fundamentalmente, a la sensibilidad extrema del mismo a las condiciones iniciales: dos sistemas con condiciones iniciales casi idénticas dan lugar a soluciones que,  rápidamente, divergen en dos soluciones sin relación aparente.

Puesto que las  matemáticas no permiten integrar exactamente las ecuaciones de NS,  la mecánica de fluidos  ha utilizado los ordenadores de forma intensiva para resolver las ecuaciones mediante técnicas numéricas. Aunque siempre introducen pequeños errores en la solución final, las soluciones numéricas pueden llegar a ser muy precisas. Gracias a los ordenadores somos capaces de realizar multitud de operaciones matemáticas simples (sumas, restas, multiplicaciones y divisiones) en muy poco tiempo. La potencia de cálculo de los computadores se mide en FLOPS (operaciones en coma flotante por segundo que son capaces de realizar). Por poner un ejemplo, podemos estimar que un ordenador de sobremesa, como el que podamos tener en casa,  realiza del orden de 109 operaciones por segundo. El mayor ordenador de España, el MareNostrum4, alojado en el centro de Supercomputación de Barcelona,  tiene, desde su actualización en Julio de 2017, una potencia pico de 11.15 PetaFlops o, lo que es lo mismo, es capaz de realizar 13,000,000,000,000,000 (trece mil trillones o 1015) operaciones por segundo.

Cuando un niño aprende a escribir, para enseñarle el trazado de las letras, se disponen una serie de puntos sobre una lámina de papel para que, después de unir todos los puntos mediante rectas, obtenga la letra buscada. De forma parecida, la mecánica de fluidos computacional calcula la presión y las tres componentes velocidad en ciertos puntos del espacio y, después, imitando la técnica de los niños de unir esos puntos, conforma la descripción continua de los campos de velocidad y presión. Esos puntos forman la malla computacional, como se denomina en la jerga del oficio. Lógicamente, cuanto más complicado es el movimiento del fluido o mayor precisión en la descripción del mismo se requiera, más puntos necesitamos, lo que a su vez implica un mayor coste a la hora de llevar a cabo ese cálculo.

De forma general, las características del movimiento de un fluido depende del valor del número de Reynolds, definido como Re=r uc lc/m, siendo r la densidad y m la viscosidad del fluido, uc la velocidad característica del fluido y lc una longitud características del problema a estudiar. El parámetro Reynolds es un número sin dimensiones y mide la importancia relativa entre las fuerza de inercia  ru2c /lc y la de viscosidad del fluido muc /l2c. Si el número de Reynolds es pequeño, la viscosidad del fluido domina el movimiento y decimos que éste se encuentra en régimen laminar. Como indica su nombre, en este régimen el movimiento del fluido se ordena en capas paralelas, como si fueran láminas que deslizan en la misma dirección una sobre otra, con la viscosidad actuando como mecanismo de disipación de energía.

Para valores grandes del número de Reynolds, el movimiento deja de ser ordenado para formar un flujo medio sobre el que se superponen un gran número de vórtices y de  remolinos que giran. El flujo medio tiene una velocidad um a la que se añaden oscilaciones de velocidad u’ inducidas por  esos vórtices y remolinos. El  tamaño del menor de estos torbellinos h es función del valor del Re, siendo  menor cuanto más grande es el número de Reynolds y mayor es el nivel de turbulencia. Su tamaño se relaciona con la longitud característica a través del número de Reynolds lc/h=Re3/4. Es en esas escalas más pequeñas donde la viscosidad del fluido se hace dominante disipando  la energía almacenada en el fluido. Como se indica en la Fig. 1, es común que un flujo laminar se inestabilice y se transforme en uno turbulento. Para complicar las cosas todavía un poco más, flujos con igual valor del número de Reynolds pueden presentar distintos valores de turbulencia debido, por ejemplo, a factores que amplifican las oscilaciones de velocidad (por ejemplo, la rugosidad del material).

Un ejemplo de integración numérica de las ecuaciones de NS se puede ver en la Fig. 1, donde se muestran los resultados de los cálculos llevados a cabo por Jones et al [1] para un flujo con Re=5x104 basado en la velocidad a la que el fluido se acerca al perfil U y en la cuerda del mismo c. Basados en ese ejemplo podemos concluir que para describir numéricamente un flujo laminar, como el que se desarrolla cerca del borde de ataque del álabe de la Fig. 1, necesitamos mallas computacionales con puntos suficientes para describir cambios en la velocidad en una región de tamaño característico lc~ c, pero para un flujo turbulento necesitamos que la distancia entre los puntos de nuestra malla sea de orden h<< lc. Al ser esa distancia entre puntos mucho más pequeña, será necesario disponer de muchos más y el cálculo será más costoso.

Fig.  1. Escalas características para el flujo sobre un perfil NACA-0012 con Re=50.000. La figura de arriba presenta niveles de turbulencia menores que la figura de abajo [1]. Las líneas azules representan el vector velocidad antes de llegar al perfil y sobre él.

A partir de las estimaciones hechas más arribas, podemos anticipar que el número de puntos necesarios para integrar numéricamente uno de estos flujos turbulentos crece como N ~ Re9/4. Consideramos, por ejemplo, la avioneta Air Tractor 802F que se usa en labores de extinción de incendios todos los veranos en España. Este pequeño avión tiene un ala de cuerda  lc = c = 1 m, un perfil semejante al mostrado en la Fig. 1 y se desplaza  por el aire a baja altura con una velocidad de crucero de unos uc=300 km/h=83 m/s. Usando los valores de densidad y viscosidad del aire a nivel del mar, tenemos valores del número de Reynolds del orden de Re= 1.38 x 105.   Para obtener la velocidad y la presión en una porción del ala de ese avión de 1 m2 tendremos que integrar numéricamente las ecuaciones de NS. Si lo hacemos en un ordenador de sobremesa doméstico, ese cálculo llevaría 1013 s o 317.100 años.  Para el mayor ordenador de España, el Marenostrum 4 necesitarías esperar 107  s, poco más de 4 meses. Si tenemos en cuenta el área total del ala de la avioneta es 18 m2, rápidamente nos damos cuenta de que cálculos como el descrito en el párrafo anterior son, de momento, inasumibles tanto por el tiempo de cálculo que necesitan como por el tamaño descomunal de la información generada que hay que almacenar para su posterior análisis.

El cálculo de flujos industriales, con valores de Re mucho mayores al del ejemplo, es todavía una utopía y no se espera que podamos abordarlo hasta, al menos, dentro de un siglo. Y eso si la potencia de cálculo continua creciendo al mismo ritmo que lo hace actualmente, es decir, multiplicando el número de operaciones por segundo por un factor 10 cada siete años. La disponibilidad de los recursos computacionales para integrar las ecuaciones es una condición necesaria, aunque no suficiente. Las técnicas para la integración de las ecuaciones son complejas y su implementación en códigos requieres de años de estudio y dedicación. Además, hay que tener en cuenta que proceso de cálculo arriba descrito es la parte más sencilla del proceso de diseño. Posteriormente, es necesario analizar con mucho detalle todos esos datos para extraer conclusiones útiles tanto desde el punto de vista científico como técnico e ingenieril. Y ahí es donde el ingeniero es la clave, no hay ordenador que interprete los resultados obtenidos a partir de la integración de las ecuaciones.

Conocedores de esas limitaciones, ingenieros y científicos han obtenido resultados más que notables mediante aproximaciones y modelos con los que, pese a no conocer los detalles de la turbulencia, han hecho volar a los aviones y girar a las turbinas eólicas, han predicho el tiempo y navegar a los aviones. Hoy en día hay multitud de códigos comerciales que permiten integrar las ecuaciones de NS con poca formación previa. Sin embargo, esos códigos usan aproximaciones y técnicas numéricas que arrojan unos resultados que deben usarse con cautela  por parte de los usuarios para evitar llegar a conclusiones de poca validez física. En el último siglo, nuestro conocimiento de la mecánica de  fluidos ha crecido gracias a modelos simplificados de problemas complejos que se fundamentaban en hipótesis que se validaban, después, experimentalmente. La disponibilidad de recursos computacionales no debería modificar la secuencia que acabamos de describir y que es aplicación directa del método científico. Todo cálculo numérico debería estar soportado en la teoría ya que, de lo contrario, corremos el riesgo de reducir la práctica del ingeniero fluidomecánico a la creación de coloridos gráficos que nadie entiende y que nada representan.

Un ejemplo de buena práctica fue la misión Apolo 11 con la que se llegó a la Luna por primera vez en 1969. Los ordenadores usados para los sistemas de guiado de las naves tenían una capacidad de cálculos de entorno a las 85.000 operaciones por segundo. Hoy, un teléfono iPhone 7 es capaz de realizar 172.000.000.000 operaciones por segundo, más de dos millones de veces más capacidad de cálculo que los ordenadores del Apollo 11, que se usan, excepto excepciones, para mandar mensajes de texto o para consultar alguna que otra página web.


Referencias:
[1] L. E. Jones,R. D. Sandberg, N. D. Sandham, Journal of Fluid Mechanics, 602 (2008) 175-207.
[2] J. Jiménez, Journal of Turbulence 4 (2003) Paper 22.
Mario Sánchez Sanz
Doctor en Ingeniería Matemática, Profesor titular.
Departamento Ing. Térmica y de Fluidos, Universidad Carlos III de Madrid

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martes, 16 de enero de 2018

Yo quiero ser Ingeniero Industrial (Tecnologías Energéticas) - José Ramón Sánchez Moreno

Y yo quiero ser...Ingeniero Industrial (Tecnologías Energéticas)
(Por José Ramón Sánchez Moreno)

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Desde luego no es fácil decidir aquello a lo que queremos dedicar nuestra vida profesional. En ocasiones la decisión se produce de forma repentina, quizás tras una magistral exposición por parte de un profesor de una materia que despierta nuestra atención y en otras ocasiones no se produce de forma tan evidente, sino que requiere analizar esos aspectos cotidianos que nos hacen sentirnos realizados.

En mi caso fue durante mi infancia donde siempre me habían atraído los objetos que pudieran montarse y desmontarse. Me fascinaba poder entender el modo como encajaban las piezas, porqué alguien había decidido esas formas para unir las piezas, el modo en el que todas juntas conformaban un elemento plenamente funcional. Ese interés por entender el funcionamiento de todo lo que me rodeaba, de tener la capacidad de decidir cómo combinar los diferentes materiales para crear un dispositivo fue lo que me llevó a cursar estudios de Ingeniería Industrial.

Una carrera multidisciplinar con un gran número de especialidades que permite entender el funcionamiento de sistemas, máquinas e instalaciones que nos rodean. De entre todas las especialidades que esta carrera permite elegir, de modo que queden cubiertas todas las tecnologías de que disponemos hoy en día en cualquier máquina o dispositivo, elegí la de Tecnologías Energéticas por incluir todas aquellas disciplinas relacionadas con la producción y aprovechamiento de la energía con especial énfasis en la eficiencia energética.

Y es que la búsqueda del mínimo consumo resulta en muchos casos un reto mayor y más complejo que descubrir un nuevo dispositivo o maquinaria que facilite nuestro trabajo. Y para mí este campo despertó una gran admiración y un gran interés en colaborar para desarrollar y contribuir a dar a conocer sistemas que consuman cada vez menos energía. La búsqueda del móvil perpetuo es para muchos una aventura comparable a la búsqueda del Santo Grial. Encontrar la máquina u objeto capaz de moverse o funcionar sin apenas energía es un descubrimiento que sin duda revolucionaría el mundo y contribuiría de forma importante a reducir el impacto medioambiental que el consumo de energía tiene inevitablemente en nuestro mundo con unos recursos cada vez más limitados y donde hoy ya nadie duda de los efectos que el cambio climático tiene en nuestro planeta. No en vano, reducir el consumo energético es una preocupación mundial hacia la que la comunidad internacional está dando importantes pasos a través de acciones y políticas como el Protocolo de Kyoto o la apuesta 20/20/20 de la UE.

De modo que aunque por progreso y avance tecnológico muchos puedan entender el descubrimiento de máquinas y mecanismos que hagan nuestra vida más cómoda como medios de transporte más rápidos, sistemas de comunicación globales, sistemas de control integrados, etc. Por progreso también ha de entenderse el conseguir un estado de bienestar e industrialización dentro de una sociedad con el mínimo consumo e impacto ambiental que no ponga en peligro los limitados recursos del planeta. Y es que no es entendible considerar como verdadero progreso disponer de hogares con sistemas domóticos que permiten hoy en día interconectar todas las instalaciones de una vivienda como los sistemas de climatización, iluminación, seguridad e incluso electrodomésticos si la factura eléctrica a pagar por ello es prohibitiva o si el aislamiento de la vivienda no es el adecuado y estoy enfriando o calentando el exterior o trasmitiendo ruidos a los vecinos ¿Se puede entender esto como progreso? Yo creo que no.

Es por esta razón por la que desde hace tiempo tengo la oportunidad de trabajar en el campo de las instalaciones en edificios donde tan importante como elegir los equipos de climatización y calefacción más adecuados en coste y funcionalidad según el uso del edificio (residencial, hospitalario, de trabajo, de ocio, etc.), igualmente importante resulta que esa energía empleada en enfriar o calentar un fluido, y como resultado una edificación, no se pierda a través de ésta. De nada sirve invertir dinero en la última tecnología de producción de frío o calor, en la más potente y eficiente del mercado, si ese frío o calor se pierde al exterior.

 Y es aquí donde cobran gran protagonismo los aislamientos.  A veces los grandes infravalorados por su sencillez, pero de una importancia enorme al mantener la temperatura de una habitación o de una conducción y evitando emplear energía de más en cubrir las pérdidas.  Aislamientos tan importantes como los que se colocan en fachadas que impiden transmisiones de energía al exterior por conducción de entre los que destacan las lanas minerales como la fibra de vidrio y la lana de roca, los poliestirenos, las espumas elastoméricas, con unas resistencias a la trasmisión de energía importantes. Aislamientos también presentes en las conducciones de fluidos refrigerantes en forma de coquillas o mantas que permiten el transporte de un fluido atemperado bien agua, refrigerante o aire, reduciendo la pérdida de energía ocasionada en el transporte. O vidrios y ventanas de nueva construcción, como los vidrios dobles cuya cámara interior de aire actúa como un gran aislante, o la nueva generación de ventanas en PVC o metálicas con rotura de puente térmico con unos niveles de conductividad térmica muy inferiores a las típicas ventanas correderas que tan profusamente se han ido aplicando en la construcción de viviendas  por su bajo coste, y que sin duda han contribuido a un despilfarro de energía por su baja hermeticidad y su estructura enteramente metálica. Todo un error constructivo en una época en la que solo se miraba el precio y que hoy se paga con facturas de gas y electricidad desorbitadas.


Errores que afortunadamente las administraciones y organismos preocupados por el uso racional de la energía han ido corrigiendo en los últimos años con la adopción de nuevas normativas como el Código Técnico de la Edificación (CTE) en su versión HE de ahorro de energía que garantiza en las nuevas construcciones y reformas, limitar el consumo energético (no en vano la edificación consume el 40% de la energía), mediante la obligatoriedad de instalación de unos mínimos aislamientos y de unos equipos de producción térmica eficientes apoyados por fuentes de energía renovables como paneles solares térmicos y fotovoltaicos. Los cuales contribuyen de forma notable a dar cumplimiento a la directiva 2010/31/UE que pretende certificar edificios de consumo casi nulo para 2018 en el caso de edificios públicos y 2020 para edificios de uso privado. Hasta entonces disponemos actualmente de la certificación energética de edificios (por imperativo de la Directiva 2002/91/CE) que mediante etiquetas similares a las utilizadas en los electrodomésticos, permite a los inquilinos prever el gasto energético que sus edificaciones tendrán.

No solo se busca con esas medidas reducir las pérdidas de energía y garantizar el máximo aprovechamiento de los recursos energéticos disponibles. Hoy en día se están haciendo importantes avances en la edificación en soluciones que buscan igualmente reducir el consumo de un bien tan importante como es el agua. Todos somos conscientes de lo limitados que son los recursos hídricos en nuestro país y nuestra fuerte dependencia en la climatología.  De modo que además de medidas de ahorro de agua como el uso de aireadores en grifos, últimamente se están aplicando medidas de ahorro de agua sobre el elemento de más consumo de agua en los edificios como son los inodoros. Y pese a que los nuevos inodoros de doble descarga permiten importantes ahorros, no cabe duda que aún se produce un consumo importante de agua que además ha necesitado de un proceso de cloración y potabilización solo para ser empleada como limpiador del inodoro. Bien, pues aquí alguien preocupado por ese despilfarro de agua se le ocurrió porqué no utilizar agua reciclada para alimentar el inodoro. ¿Y reciclada de dónde? Ya que traer una red de agua reciclada de las depuradoras sería costosísimo. Mejor, reciclarla en el propio edificio. Hay ya numerosos ejemplos de hoteles, donde se está aplicando una tecnología denominada de aprovechamiento de aguas grises que consiste en recoger el agua de lavabos y duchas/bañeras (agua gris) para filtrarla y tratarla en un depósito instalado en el propio edificio e impulsarla a través de una red independiente a los inodoros. Una sencilla solución, que no supone una gran inversión y sin embargo repercute en una indudable reducción en el consumo de agua del edificio. Un bien, el agua, del que somos tan dependientes y que bien se merece todo esfuerzo por limitar su derroche.


En definitiva, la ingeniería no busca solo hacer la vida más fácil mediante la introducción en la sociedad de dispositivos o máquinas capaces de realizar tareas de ardua ejecución ya sea en los hogares, en las fábricas, de resolver problemas de movilidad, de comunicación o de control a distancia o incluso de garantizar el confort en nuestro propio hogar, también se preocupa de conseguirlo de la manera más eficiente y con el mínimo consumo de energía y recursos. Todos somos conscientes que vivimos en un planeta con recursos limitados y somos responsables de dejarlo en las mejores condiciones para las generaciones venideras. Es por ello que en este mundo todavía queda mucho por hacer en materia de aprovechamiento eficiente de la energía y de los recursos.  


Referencias:
José Ramón Sánchez Moreno
Ingeniero Industrial (Tecnologías Energéticas)

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