martes, 30 de enero de 2018

Presentación

Presentación

Escucha música mientras lees, vete al final.

             Corría el año 2017 y…”. Siempre me ha parecido una manera perfecta (a alguien se lo había escuchado antes) de comenzar a contar una historia. Pues sí, corría el año 2017, más concretamente el mes de Abril, en los días de Semana Santa y para no romper con una “tradición” que nos habíamos auto impuesto el año anterior, ahí estábamos los cuatro haciendo una parte del Camino de Santiago.

             En uno de esos días, llegando a Burgos, a Pablo se le escapa el balón de balonmano, si incomprensiblemente lleva toda la semana cargando con el balón, empieza a rodar por una pequeña pendiente hasta que unos metros más abajo y tras una pequeña carrera lo vuelve a coger. Ya por la tarde en el albergue y tras una reparadora ducha y una no menos reparadora merienda me viene a la cabeza el rodar del balón. Le comento a Pablo que si se había fijado que el balón había empezado a correr camino abajo y tras un rato parecía que mantenía la velocidad y que ya no se aceleraba más, a lo que me responde, “si, si, pero podemos jugar un rato con la tablet o salir fuera a lanzarnos el balón” (con la tablet carga su hermano). Resignadamente, con el comentario entre dientes de “que poco científico que eres”, respondo “claro que podéis jugar a lo que queráis, os lo habéis ganado”. Días más tarde, de vuelta ya en Madrid, recuerdo aquella tarde y nace la idea de esto que estáis comenzando a leer.

             Este libro surge como la recopilación de las respuestas de unos buenos amigos, en origen a la mayoría de ellos no los conocía pero ya los considero a todos buenos amigos, a mi solicitud de “Por favor, me gustaría que me ayudarais a animar/motivar a mis hijos a que sean científicos”.

             Este “guante” se lo lancé a multitud de científicos y tras el consejo de Ana Ulla “Quintín intenta que seamos muchas las científicas las que participemos en este libro así será un mayor aliciente y ejemplo para las chicas”, pues intenté, y creo que conseguí, un buen número de grandes científicas, claro está los científicos que participan no les van a la zaga. Vaya desde aquí mi agradecimiento a todos los que han participado, todos de una manera altruista, por su ayuda, dedicación, entusiasmo y por hacer mi labor de coordinación fácil y llevadera. Por supuesto hago extensible este agradecimiento a todos los que no han podido participar, gracias por vuestro ánimo y buenos consejos.

             Este libro va dirigido a jóvenes, o esa era la idea inicial, lectores de entre 14-18 años, pero tengo que confesar que tras su lectura creo que será del agrado de cualquier persona con un mínimo de curiosidad, sea cual sea su edad. Pienso que en esta colección de relatos, en su mayoría vivencias personales de sus autores, encontrareis un fiel reflejo de la comunidad científica actual. Entre los autores encontraréis desde estudiantes de grado o doctorado a Catedráticos, e incluso científicos ya jubilados (en la mayoría de los casos muy a su pesar) con una sabiduría y experiencia que una Sociedad que se quiera calificar como Avanzada no debe dejar de lado y mucho menos en el olvido. Aquí tenéis un buen elenco de “hombros sobre los que subiros” para lograr grandes cosas. Creo firmemente que acabareis la lectura de los capítulos mascullando la frase “Y yo quiero ser…”.

             Decir que no es un libro que requiera una lectura continuada. Todos los capítulos son independientes, se pueden leer sin orden, se puede ir saltando de un área de conocimiento a otra sin problemas. Mi recomendación es que empecéis leyendo los que creáis que más os van a gustar, para después no dejar de leer los que según los títulos no parezcan que os llamen la atención o incluso aquellos que leyendo el título no sepáis muy bien a que se están refiriendo, estoy seguro que os sorprenderán y gustaran.

             Aprovecho para poner “la venda antes de la herida”, soy el único culpable en la confección del índice. Son miles las posibles combinaciones para elaborarlo pero está claro que hay que decidirse por una y seguro que no será del agrado de todos. Esta combinación se basa en la separación de los capítulos en dos grandes áreas (por explicarlo de alguna manera, una con un poco menos de “matemáticas” y la otra con algo más) y dentro de ellas el orden alfabético de los propios capítulos. Serán muchas las opiniones que cambiarían de área y/o de orden los capítulos pero tenía que decidirme por algo.

             Termino estas líneas volviendo a agradecer a todos los que de una manera u otra han participado en la elaboración  de este libro, desde Irene a Federico por citar dos nombres ya que la lista completa sería inacabable. Una más que ganada mención, lo que habéis tenido que aguantarme, a David, Pablo y Teresa gracias por vuestro apoyo y ayuda.

             Y con la esperanza que todos encontréis con la lectura de este libro la inspiración y el ánimo para conseguir ser grandes científicos.


Madrid Febrero 2018
Quintín


El "culpable" de este libro y su balón.






Portada:
Cortesía de Noelia Bernardo García


Contraportada:
“Irene y sus descubrimientos”
Foto cortesía de Alicia Parra Ruiz
Montaje cortesía de Luis Bretón Belloso


Este libro tiene una licencia Creative Commons
Cualquier reproducción total o parcial de esta obra deberá hacer un reconocimiento expreso a la autoría de la misma y/o de los capítulos mencionados.
No se permite el uso comercial de la obra original ni de las posibles obras derivadas.
La distribución y uso de las obras derivadas se debe hacer bajo una licencia igual a la que se regula la obra original.
Las imágenes, figuras, ilustraciones que aparecen están amparadas bajo esta licencia salvo en las que expresamente se hace mención a su autoría/crédito al pie de las mismas.

Escucha música mientras lees.


lunes, 29 de enero de 2018

Prólogo

Prólogo
(por Federico Mayor Zaragoza y Federico Mayor Menéndez)

Escucha música mientras lees, vete al final.

Vivimos tiempos de crisis global y de grandes retos planetarios, que requieren más que nunca ser capaces de generar y aplicar nuevos conocimientos. Por ello, una de las responsabilidades de la comunidad científica es transmitir a la ciudadanía la relevancia de la investigación científica, como frontera intelectual que nos permite abordar preguntas fundamentales sobre el universo y sobre la vida, y también por su incidencia en el desarrollo y bienestar de la sociedad, en aspectos como la salud, la alimentación, la energía o el medio ambiente.

Este mensaje es esencial para que la sociedad y los responsables políticos apuesten por la ciencia como uno de los motores fundamentales de futuro, y es especialmente necesario en nuestro país, donde la inversión sostenida en I+D está lejos de ser una prioridad, a diferencia de lo que sucede en otros países de vanguardia. Y es también muy importante que ese mensaje se dirija de forma específica y eficaz a los más jóvenes, de cuyo talento e impulso renovador depende el futuro de la investigación científica.

En este contexto se enmarca la excelente iniciativa del libro “CIENCIA, y yo quiero ser científico!!!”, que cuenta con la colaboración de la asociación Apadrina laCiencia y otras instituciones, y que quiere contribuir, a través de los testimonios de muchos investigadores e investigadoras de diversas disciplinas, a que estudiantes de secundaria y bachillerato conozcan de primera mano las preguntas a las que se enfrentan los científicos, su forma de vida, y también su motivación y su pasión por sus distintas especialidades.

El sistema educativo y la sociedad en su conjunto precisa fomentar el interés por la actividad investigadora y despertar vocaciones científicas, a través de unos contenidos educativos sólidos y atractivos que combinen la transmisión de información (creciente en volumen y complejidad) sobre las distintas materias con el entrenamiento de la curiosidad, la capacidad de indagar y el espíritu crítico, y de una divulgación rigurosa y cercana.

Queremos (y necesitamos) que los jóvenes quieran dedicarse a la actividad científica:
-para seguir preguntándonos, sin más guía que la curiosidad innata de la condición humana, cómo son los seres humanos, los seres vivos, la naturaleza, el cosmos, en el ámbito de la investigación básica, que es la fuente de todo conocimiento y de toda posible aplicación futura (“no se puede planificar lo inesperado”, en palabras del Premio Nobel Aaron Klug).
-para, a través de la implementación de nuevos conocimientos y procedimientos, contribuir a evitar o aliviar el sufrimiento de las personas, mejorar su bienestar y actuar a tiempo ante procesos potencialmente irreversibles en nuestro medio ambiente, a los que nos enfrentamos por primera vez en nuestra historia. “No hay ningún desafío que se sitúe más allá de la capacidad creadora distintiva de la especie humana”, afirmó el Presidente John F. Kennedy en 1963.

La ciencia y la comunidad científica deben tener un papel decisivo y protagonista en los cambios radicales que precisa nuestro mundo. Conocer la realidad… y actuar en consecuencia. Ciencia para facilitar la transición desde una economía basada en la especulación, la deslocalización productiva y la guerra a una economía basada en el conocimiento para un desarrollo global sostenible y humano, en que las cinco prioridades de las Naciones Unidas -alimentación, agua, salud, medio ambiente y educación- sean asequibles a todos para vivir dignamente, y fundada en un nuevo concepto de seguridad que no sólo tenga en cuenta los territorios y fronteras, sino a los seres humanos que los habitan.

Deseamos vivamente que este libro sirva para fomentar que estudiantes de bachillerato y secundaria se sientan atraídos por la actividad científica y se sumen a las nuevas generaciones de investigadores (en las que las mujeres científicas tendrán un protagonismo creciente), y que así aporten decididamente su imaginación, su perseverancia, altura de miras, capacidad creativa e inconformismo (valores todos ellos consustanciales a la actividad científica) para tomar el relevo e impulsar estos cambios.





Federico Mayor Zaragoza
Presidente de la Fundación Cultura de Paz
Exdirector General de la UNESCO

Federico Mayor Menéndez
Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Autónoma de Madrid y ExPresidente de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular (SEBBM)

Escucha música mientras lees.


domingo, 28 de enero de 2018

Apéndice

Y yo quiero ser...Como mi Profe
(Por Quintín Garrido Garrido)

Escucha música mientras lees, vete al final.

“Y ahora, después de todo, viene éste y nos dice que quiere ser como su profe. Lo que nos faltaba.”

Estoy convencido de que esta es una manera suave de expresar el pensamiento que estaréis teniendo la mayoría de los que lleguéis hasta aquí en vuestra lectura de este libro. Os quiero confesar que en ningún momento mi idea era participar con un capítulo. No quiero que este apéndice se entienda como tal. Más bien se puede entender como una reflexión en voz alta y con el permiso de todos vosotros un pequeño homenaje.

En el transcurso del año, o casi, que llevo embarcado en este libro siempre me ha movido el mismo pensamiento, intentar divulgar ciencia motivando a chavales a ser científicos. Tengo que confesar que según iba avanzando este proyecto cada vez me gustaba más, no solo como participe en la elaboración sino como lector. Aunque no estoy “exactamente” en el rango de edad al que va dirigido, me paso por una treintena larga, lo he disfrutado y lo disfruto ya más tranquilamente.

Creo que recoge perfectamente la idea inicial de “amigos ayudarme a despertar vocaciones científicas, a despertar esa curiosidad innata que todos los quinceañeros tienen y que van dejando a un lado por otras inquietudes”  y, casualidades de la vida, mis hijos se están acercando  a esas edades.

En mi posición de lector, me encanta aprender cosas nuevas y en la elaboración y lectura de este libro he aprendido multitud de ellas. Pero sobre todo lo que más me ha gustado de la lectura de todos estos capítulos es descubrir la inmensa cantidad de cosas que todavía tengo por aprender.

Coincido en muchas de las opiniones que se han vertido en este libro y sobre todo con algunas de las que se han repetido bastantes veces: la motivación que suele despertar la lectura de un buen libro de divulgación a edades tempranas, y sobre todo la influencia muy positiva que tiene un buen profesor de Instituto.

Es por ello que quiero aprovechar y rendir un pequeño homenaje a “mí Profe” del Instituto, sin desmerecer con ello al resto de los profesores que tuve. Lo quiero hacer copiando unas líneas que redacté hace cuatro años con motivo del homenaje que le dieron en el Instituto, en un acto donde se descubría una placa en el Laboratorio de Física con su nombre. Este acto iba precedido de varios discursos en el salón de actos y yo me preparé uno por si se daba la circunstancia de que alguno de sus alumnos tuviera que decir unas palabras, cosa que al final no tuve que hacer.

“””Hola amigos.

Agradeceros a todos vuestra presencia en este acto y a las autoridades del Cervantes por llevarlo a cabo.

Yo anduve por estos pasillos y aulas hace ya 30 años y la verdad es que ahora mismo, al igual que entonces, estoy bastante nervioso al hablar ante un público numeroso. Recuerdo vivamente cuando se me ocurría hacer alguna pregunta en las conferencias divulgativas que D. Ricardo organizaba. Para mí en aquellos años los nervios se debían, por un lado, a hablar en público y, por otro, por a la pregunta en sí misma. Siempre tenía la duda sobre si la pregunta sería adecuada, o si el público, el ponente y, sobre todo, D. Ricardo la encontrarían una obviedad o una tontería. Realmente creo que si hay una persona que se merece un homenaje y un acto como el que celebramos hoy, esa persona es D. Ricardo, o si se me permite la licencia, “El Richi”, que era como le llamábamos de forma coloquial entre los alumnos en aquellos años. Creo que hablo en nombre de muchos de sus alumnos cuando digo que el haber pasado por sus clases fue un auténtico placer, bueno había que trabajar un poco o bastante. Las clases eran muy amenas, llenas de divertidas anécdotas, sin perder rigurosidad, y para los que queríamos ir un poco más allá de lo que marcaba el temario nos daba la oportunidad de hacerlo. También es de resaltar su labor a la hora de inculcarnos valores fundamentales para chavales de quince años: la importancia de la familia, el compañerismo, el esfuerzo, la honradez, etc.

De los diversos momentos de aquellos años querría resaltar algunos que recuerdo vivamente:
-En segundo (de BUP), el primer día de clase de Física y Química, además de presentarse él y de presentar la asignatura que nos iba a impartir, nos recomendó varias lecturas que nos vendrían bien. Creo que uno de aquellos libros, que aún conservo y que fue uno de los primeros que, por iniciativa propia, me compré y leí con avidez. era el Momentos Estelares de la Ciencia de Isaac Asimov.
-Durante los tres años que tuve la suerte de tenerle de maestro, sí maestro o eso era apara mí, sin querer menospreciar a nadie, los demás eran “profes” y D. Ricardo era “Maestro”, resaltar la cantidad de recreos, y alguna que otra tarde, que pasamos con él en el laboratorio. Allí se sucedían los bajo su tutela los experimentos de mecánica, óptica, electricidad y magnetismo, y lo que nos fascinó a todos, los de óptica utilizando un láser. En todos los casos los experimentos, fueran más o menos sencillos, tenían un por qué, eran rigurosos y se nos fue haciendo como propio, como el pan nuestro de cada día, el “método científico”.
-En lo relacionado con actividades extraescolares mencionar los ciclos de conferencias organizadas por el Instituto o por otras instituciones pero con la presencia siempre en mayor o menor medida de D. Ricardo. De estas conferencias quiero destacar aquellas organizadas, fomentadas o patrocinadas por alguna empresa eléctrica, creo recordar, y que versaban sobre energía eléctrica en general, desde la generación hasta su uso y aplicaciones. También comentar alguna de, no recuerdo como se llamaba el ponente, creo que era de la Universidad de Comillas y que había estado en la NASA, donde la colección de imágenes que nos enseñaba (en aquellos años las conferencias eran con diapositivas y transparencias) eran espectaculares y para todos nosotros únicas. Quiero recordar que a una conferencia de este señor en el Ateneo de Madrid, D. Ricardo nos llevó o nos invitó a que fuéramos, me impresionó mucho, el ambiente del lugar, la historia. Hoy en día todavía presumo de haber estado una vez en el Ateneo, y como no podía ser de otra manera, en aquella conferencia, en aquel lugar de tradición, realice una pregunta al final, poniéndome de pie, cogiendo un micrófono y con las piernas temblando como me pasaba siempre.

Con el paso de los años he seguido manteniendo un cierto contacto con D. Ricardo. En uno de esos contactos despertó en mí una segunda juventud y me matriculé en la UNED, para intentar seguir con los estudios de Física que había abandonado en 2º, años atrás en la Autónoma. Esta vez, como la anterior, tampoco tuve éxito y tras un año volví a abandonar. En otro de esos esporádicos contactos tuve la oportunidad de conocer al profesor Sánchez Ron, fue con motivo del centenario del “nacimiento del átomo” y unas conferencias que dirigía o promovía, pero en aquella ocasión lo que realmente me movía era pasar unas horas con D. Ricardo, volver los dos juntos a casa, contarle como me iba la vida, que me contara como le iba a él y recibiendo sus consejos, sin desmerecer la conferencia realmente creo que lo verdaderamente importante de aquella tarde fue la charla con mi “maestro”.

Vuelvo a reiterar mi agradecimiento al Cervantes por este reconocimiento y homenaje. Cuando pienso en Inglaterra, pienso en Cambridge y en el laboratorio Cavendish, cuando pienso en Copenhague pienso en Bohr, cuando pienso en Suiza pienso en la oficina de patentes y en Einstein y cuando pienso en Embajadores pienso en el Cervantes y en D. Ricardo Fernández y “su laboratorio”.

             Muchas gracias a todos y…

             Muchas gracias D. Ricardo
                                                                                                    Quintín Garrido
                                                                                 Madrid 30 de Octubre de 2013.”””



             Espero y confío en que este libro ayude a ese “despertar de la fuerza” científica que todos lleváis dentro. Humildemente con que ayude y guíe a alguno de vosotros me doy por satisfecho y creo que el esfuerzo en la elaboración de este libro habrá merecido la pena.

             Confío en leer, en un “futuro no muy lejano”, los libros de divulgación científica en que participéis vosotros.

Quintín Garrido Garrido
Contable
Aprendiz de Divulgador Científico y “Generador de Ideas Peregrinas”

Escucha música mientras lees.


sábado, 27 de enero de 2018

Bonus (solo en el blog)

Y yo quiero ser...una idea casi científica
(Por Quintín Garrido Garrido)
  

Hola amigos me permito la licencia de contaros aquí una historia. Es una de esas “ideas peregrinas” que todos los amantes de la ciencia, de vez en cuando, tenemos. Un Libro. Una novela de ficción con todo el respeto hacia la veracidad científica posible. Me atrevo a escribiros el comienzo y la trama general:

         “Aunque habían pasado el día discutiendo, allí estaban los tres, sentados en una mesa del café “La Belle Vie”. Estaban en Bruselas, participaban en el Quinto Congreso Solvay, corría el año de 1927, y disfrutaban de un café y de la conversación entre ellos. Esta había ido discurriendo por diversos temas y se encontraban comentando la evolución política que estaba sufriendo Europa. Niels argumentaba que le parecía que el espíritu nacional por el que estaba atravesando Alemania iba cogiendo unos tintes excesivos. En cambio tanto Albert como Max no creían que la cosa fuera a mayores, realmente creían que se habría aprendido algo de la Gran Guerra. Estos tres amigos eran: Niels Bohr, Albert Einstein y Max Born.

Solvay 1927
Benjamin Couprie [Public domain], via Wikimedia Commons

         Habían pasado tres años, 1930, y en la misma mesa, del mismo café, de la misma ciudad, con la salvedad de que estaban asistiendo al sexto Congreso Solvay y el terceto, en esta ocasión, lo completaba Enrico Fermi. Albert le reconocía a Niels que había acertado con su preocupación tres años atrás, que la situación para los de origen judío empezaba a ser preocupante, Enrico asentía y añadía que en Italia las cosas no estaban mucho mejor. Niels comentaba que el por su parte hacía lo que podía para ayudar, eran muchos los científicos, de renombre o sin él, que le pedían ayuda pero tenía que reconocer que sus medios en Copenhague eran limitados y que para muchos de ellos lo único que les podía ofrecer era una parada provisional de camino a Inglaterra. La relación con Ernest Rutherford era muy buena y entre ambos hacían lo posible para ayudar a los necesitados.

Solvay 1930
Benjamin Couprie [Public domain], via Wikimedia Commons

         Curiosamente la historia se volvía a repetir, aunque volvían a variar los protagonistas. Era 1933 (Séptimo Congreso Solvay) y en aquella mesa de “La Belle Vie” estaban en esta ocasión Ernest Rutherford, Enrico Fermi, Niels Bohr y se les había unido Lise Meitner, que después de varios días en Bruselas la embajada alemana había considerado que no merecía una atención especial. Todo lo contrario que Albert Einstein, que aunque ya hacía años que había fijado su residencia en Estados Unidos, los “espías” alemanes no le dejaban ni a sol ni a sombra. La situación había cambiado enormemente en los últimos tres años, los peores augurios se estaban cumpliendo y el nazismo campaba a sus anchas con cada vez más adeptos.

Solvay 1933
Benjamin Couprie [Public domain], via Wikimedia Commons

Los cuatro estaban de acuerdo que aunque la labor que habían estado haciendo tanto Niels, en y desde Copenhague, como Ernest, desde Cambridge, había tenido unos frutos muy buenos, había llegado el momento de dar un paso más. Intentar que la información que les llegara a las autoridades alemanas sobre los últimos avances científicos en Europa en general, y en Dinamarca  e Inglaterra en particular, fueran lo más inocuos posibles para la maquinaria de guerra que se estaba preparando por parte del Reich. Lise Meitner planteaba la posibilidad de que una ayudante suya (Claudia Müller), y de Otto Hahn, hiciera la labores de desinformación tanto para Hahn, que consideraban que no tenía que ser consciente de la situación, como para las autoridades alemanas. Meses atrás, Lise, en una conversación con Max Planck, éste le dijo que cualquier acción en contra de en lo que se estaba transformando Alemania estaría acertada y justificada, así mismo le confió en que lo mejor para todos sería que él se mantuviera al margen de cualquier acción y de cualquier información sobre ella. Lise en sus encuentros con Max Born habían tratado el asunto y este estaba convencido de  que antes de que la persona designada para la labor de <espia> acabara en Copenhague con Niels  o en Cambridge con Ernest, pasara unos meses en Leizpig y en Gotinga, él se encargaría de que ello fuera posible.

         La historia de Claudia Müller era la de una bella chica alemana que, hacía unos años, había sido ultrajada por un grupo de jóvenes nacionalsocialistas, ebrios, en las fiestas veraniegas de Munich. A alguno de ellos lo conocía de su época estudiantil, y días más tarde escuchó a su hermano pequeño que unos conocidos presumían de haberse aprovechado de una chica de fuera de la ciudad y que no había brindado por el Furher. Ella no dijo nada, se volvió a Berlín y tras un tiempo trabajando con Lise se confió a esta, contándoselo todo y con el sentimiento de repugnancia a todo lo relacionado con el Reich.
…”

         La mayoría de los que me conocéis,  sabéis que no soy capaz de conseguir escribir un libro entero. Os he descrito lo que puede ser el comienzo de la historia y su continuación puede llevar una descripción de la física de los años treinta, los avances,  así como "los posibles engaños" que la teoría cuántica o la física de partículas podría permitirse para que la información pasada por “Claudia” pareciera verosímil y consiguiera que el programa nuclear alemán se retrasara y no llegara a buen puerto.

Vídeo Solvay 1927

         Animo a cualquiera que quiera utilizar esta idea, que lo haga, lo único que rogaría es que me fuera manteniendo informado.


Contraportada




Capítulos más populares